Síntesis 3 principales corrientes éticas: Kantismo, Utilitarismo y Aristotelismo parte 1
1. Ética
Kantiana.
La ética
kantiana, o también llamada deontologismo, fue elaborada por el filósofo
Emmanuel Kant, en obras como “Fundamentación de la metafísica de las
costumbres”, “Crítica de la razón práctica”, o “Metafísica de las costumbres”.
Para su exposición, nos centraremos principalmente en las primeras dos obras,
pues creemos que es suficiente para abordar su ética. Es considerada, la
segunda (históricamente hablando) gran obra ética occidental.
La buena voluntad
La buena voluntad
es lo único que puede considerarse bueno sin restricción alguna, es bueno por
sí mismo, sin depender de lo que se efectúe o realice. Él mismo Kant, menciona
a la buena voluntad como el bien supremo y el fin primero e incondicionado. El
segundo fin: la felicidad, es un bien condicionado, que se ve restringido
frente a la buena voluntad. El deber, pues, contiene una buena voluntad. La
buena voluntad, es pues, aquella voluntad que lleva el deber moral,
incondicionado y libre de la facultad apetitiva, es decir, lo que tenga que ver
con el deseo de felicidad, placer y otros fines que no sean, propiamente
dichos, la buena voluntad.
Así, menciona
Kant:
“Todos los
principios prácticos que presuponen un objeto (materia) de la facultad
apetitiva como motivo determinante de la voluntad, son empíricos en su
totalidad y no pueden dar leyes prácticas.” (Crítica la razón práctica, libro I)
Diferencia entre las acciones
Emmanuel Kant,
consideró tres acciones fundamentales para relacionarnos con el deber moral. Las
primeras, las que contradicen el deber moral, las segundas, las que son
conformes al deber moral, y las terceras que son las que contienen valor moral.
Pasemos a definir lo que significan cada una de ellas de acuerdo a sus textos.
A)
La
acción en contra del deber moral:
Son acciones que
contradicen el deber moral.
B)
Acción
conforme al deber moral:
Son acciones que
se realizan conforme al deber, pero que, sin embargo, pueden estar motivadas
por intenciones egoístas o meras inclinaciones. El ejemplo que pone Kant en su
obra, es la de un mercader, que puede tener un precio justo en sus productos,
pero no por principios de honradez, sino simplemente por no querer perder
clientes; una intención egoísta.
C)
Acción
con valor moral:
Son aquellas
acciones que no siguen un fin más, que en la propia acción realizada,
independiententemente de los resultados obtenidos o ganancias, y son las que
tienen contenido moral.
Cabe aclarar que,
el filósofo no dice “no seas feliz al realizar acciones morales”, el filósofo
sí considera que puede haber felicidad al realizar acciones morales, pero no
considera que el deseo de la felicidad, al ser un propósito condicionado, sea
el fin primario. En resumen:
El contenido moral y las meras inclinaciones
Emmanuel Kant,
considera que lo importante es la interioridad moral, más que las acciones y la
facultad apetitiva del agente. En tanto que, sólo la primera tiene valor, y la
segunda no. ¿A qué se refiere por interioridad moral? En que nos veamos guiados
por fundamentos a priori, estos son principios que puedan ser universalizables
y que tengan valor en sí mismo, sin considerar sus efectos. El mismo filósofo,
considera que son incluso más importantes que las acciones:
“Cuando se trata
de valor moral no importan las acciones, que se ven, sino aquellos íntimos
principios de las mismas, que no se ven.” (FMC, capítulo I)
Las
inclinaciones, que él mismo define como la facultad de desear de las
sensaciones, no deben ser la base moral de las personas, en tanto que si dejara
de existir el “objeto de deseo”, ya no se procuraría actuar de la forma en qué
se actúa: esto es un imperativo hipótetico.
Imperativos categóricos e imperativos hipóteticos
El imperativo
categórico, lo define Kant como una máxima que pudiese convertirse en ley
universal, es decir, un principio que toda la humanidad pudiera seguir.
El imperativo
hipótetico, en cambio, presupone que una acción es buena como medio para otra
cosa. El filósofo, considero, además, que hay imperativos que pueden parecer
categóricos pero que son, en el interior hipóteticos. Por ejemplo, decir “no
debes prometer falsamente”, es diferente a decir, “no deber prometer
falsamente, no vaya a ser que pierdas el crédito”. Por ello, Emmanuel Kant,
invita a preguntarnos antes de tomar una decisión, lo siguiente:
“¿Qué sucedería
si mi máxima se tornase ley universal?” (FMC, capítulo II)
Por ejemplo,
podríamos decir como principio “al estar apurado, préstate, aún si no pudieras
devolver el dinero”, ¿qué ocurriría si tal principio, se vuelve
universalizable?, ¿se puede considerar pues, propia de un agente racional y
legislador puro de la razón? Después de este ejemplo, Kant, pareciendo incluso
contradictorio a primera vista, considera cual sería el efecto de actuar de
esta forma. Esto puede hacer parecer a Kant un “consecuencialista”, sin
embargo, el filósofo utiliza este efecto práctico para demostrar la
contradicción lógica en cuanto a la máxima universalizable, no como criterio de
moralidad. Y también matiza en cierta medida su filosofía moral, pues demuestra
que no puede dejar de basarse en las consecuencias por completo, así sea sólo
para demostrar la impracticidad de ella. Cito textualmente al texto:
“La universalidad
de una ley que diga que quien crea estar apurado puede prometer lo que
se le ocurra proponiéndose no cumplirlo, haría imposible la promesa misma y el
fin que con ella pueda obtenerse, pues nadie creería que recibe una promesa y
todos se reirían de tales manifestaciones como de un vano engaño.” (FMC, capítulo II)
Aquí, los efectos
son la desconfianza social y la falta de seriedad ante las promesas.
Citando al
filósofo nuevamente:
“Que pueda ser la
tal máxima una ley universal y, por tanto, que la voluntad, por su máxima, pueda
considerarse a sí misma al mismo tiempo como universalmente legisladora.” (FMC,
capítulo II)
En resumen:
• Hipotético: “Si quieres X, haz Y.”
(condicionado)
• Categórico: “Haz Y.” (incondicionado, válido
siempre)
Formulaciones del imperativo categórico
Kant, hace 3
formulaciones que son el núcleo de su filosofía moral, pues se plantean como las
formulaciones que deben de seguirse para así, que las acciones contengan en
verdad contenido moral. Estas son las siguientes, y el filósofo distingue tres
claves:
A)
Obra sólo según aquella máxima por la cual
puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal.
B)
Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en
tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente
como un medio.
C)
Obra de tal modo que tu voluntad pueda
considerarse a sí misma, al mismo tiempo, como legisladora universal.
La ética kantiana
busca fundamentar la moral en la autonomía de la razón y en principios
universales, dejando de lado la inclinación o el cálculo de consecuencias.
2. Ética
utilitarista.
Habiendo
considerado estos puntos, partamos ahora a hablar acerca de John Stuart Mill,
el utilitarismo y cómo se relaciona, difiere y puede contrastarse con otras
corrientes filosóficas. John Stuart Mill fue un filósofo británico del siglo
XIX, conocido por su continuidad de las ideas de Jeremy Bentham y, no solo
continuidad, ya que expandió el utilitarismo, distinguiendo entre placeres
(casi igual que Epicuro) y aclarando malas interpretaciones hacia esta
corriente ética. Su obra, junto a Fundamentación de la metafísica de las
costumbres de Kant y Ética a Nicómaco de Aristóteles, es considerada una de las
tres grandes obras de la filosofía moral, ya que, a pesar de ser Bentham el
fundador, Mill la lleva a la quinta potencia.
Descripción de principio y tipos
John Stuart Mill
desarrolla una ética basada en el principio de utilidad o el principio de la
mayor felicidad. Según este criterio, el valor moral de una acción se mide por
su capacidad para promover la felicidad, entendida como placer y ausencia de
dolor. Para Mill, la felicidad es el bien supremo, ya que es lo único deseado
por sí mismo, mientras que otros bienes se desean como medios para alcanzarla.
Como él mismo menciona:
“El credo que acepta
la Utilidad o Principio de la Mayor Felicidad como fundamento de la moral,
sostiene que las acciones son justas en la proporción con que tienden a
promover la felicidad; e injustas en cuanto tienden a producir lo contrario de
la felicidad.” (Utilitarismo, capítulo 2)
Mill distingue
dos tipos de placeres:
• Placeres
corporales
• Placeres
intelectuales o morales
Los placeres
intelectuales son superiores, ya que responden a la naturaleza racional del ser
humano. Como él mismo afirma, “más vale ser un Sócrates insatisfecho que un
necio satisfecho”. Aun si el hombre pueda decidirse por el placer corporal, lo
hace por ser el bien más próximo; sin embargo, el filósofo reconoce que se
sigue considerando más valioso el superior a pesar de esto. Además, guarda distancia
con filosofías morales que buscan una felicidad personal; para Mill el criterio
utilitarista es aceptar una felicidad general. Él afirma:
“No es ese
criterio la mayor felicidad del propio agente, sino la mayor cantidad de
felicidad general.” (Utilitarismo, capítulo 2)
Un ejemplo
pragmático es el sacrificio personal, que Mill considera algo digno siempre que
pueda contribuir a aumentar la felicidad colectiva; tomando en cuenta que el
fin sea este y no otro, ya que para el filósofo el sacrificio es instrumental,
no un bien en sí mismo. De esto, podemos partir para decir que el utilitarismo
no es de ningún modo individualista. De hecho, el mismo Mill considera que una
de las causas de la insatisfacción personal es, además de la falta de cultivo
intelectual, el egoísmo, entendido como la ausencia de la simpatía por los
intereses colectivos de la humanidad. Como menciona el filósofo:
“Retienen frente
a la muerte un interés por la vida tan intenso como cuando posean el vigor de
la juventud y de la salud.” (Utilitarismo, capítulo 2)
Considera que el
aporte y la contribución a estos fines produce un gozo:
“Todo hombre lo
bastante inteligente y generoso para aportar a la empresa su esfuerzo, por
pequeño e insignificante que sea, obtendrá de la lucha misma un noble goce que
no estará dispuesto a vender por ningún placer egoísta.” (Utilitarismo,
capítulo 2)
Además, para Mill
el papel de los sentimientos sociales es la base de la vida en comunidad.
Afirma que el interés colectivo y la cooperación permiten armonizar los
intereses individuales con los de los demás. El mismo Mill considera al
principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo” como la norma en la que se
halla el espíritu del utilitarismo; él mismo lo llama el ideal de perfección
utilitarista.
Mill considera
los siguientes como medios para poder alcanzar esta meta de su filosofía moral:
• Colocar las
leyes y disposiciones sociales en armonía entre el interés individual y el
interés colectivo.
• Establecer la
asociación entre la propia felicidad y el bien de todos.
Mill también
establece diferencias entre una persona común y un bienhechor público,
estableciendo de esta forma discrepancias en lo que puede aportar cada persona.
Del primero menciona que debe encargarse de la utilidad privada y del segundo
hacia objetivos más amplios. Esto añade a su filosofía un claro realismo moral,
el cual la hace aplicable tanto a nivel político como individual.
Respecto a la
virtud moral, Mill también valora la conducta virtuosa, ve la virtud como algo
con valor, aunque instrumental. Además, menciona algo crucial: una acción justa
no revela necesariamente un carácter virtuoso, y viceversa. Retomando lo dicho
sobre la virtud, Mill considera que debe ser exigible el amor a la virtud en
tanto que contribuya a la felicidad general, y que puede llegar a amarse no
solo como fin, sino como parte de la felicidad.
Sobre las
sanciones, el utilitarismo considera que hay sanciones externas e internas. De
las primeras son la esperanza del favor y el temor al disgusto de nuestro
prójimo o del Legislador Universal; es decir, se considera la devoción
desinteresada hacia Dios o el prójimo combinada con los castigos propiamente
dichos, sean premios o castigos. De las segundas son aquellos sentimientos
producidos en nuestra conciencia, ocurridos en personas educadas moralmente.
Sobre la justicia y la ley
Mill establece
que es injusto privar a alguien de su libertad, propiedad u otros derechos
garantizados por la ley. También es injusto causar daño a quien no lo merece.
Para Mill, la imparcialidad es esencial para la justicia, aunque admite que en
ciertos casos se puede favorecer a unos sobre otros, siempre que no contradiga
el principio de utilidad, aunque no ofrece una exposición detallada de estos
casos excepcionales.
Mill diferencia
claramente entre justicia y beneficencia. La justicia implica el respeto a
derechos morales o legales, mientras que la beneficencia (como el acto de
ayudar a otros) no genera una obligación moral. Para él, la beneficencia debe
ser promovida principalmente por instituciones públicas, mientras que los
individuos deben enfocarse en promover la utilidad privada o de su entorno
cercano. Como él mismo menciona:
“La justicia
implica algo que nos lo es de derecho hacer, y que es un mal no hacerlo, sino
que nos puede ser exigido por una persona como derecho moral suyo. Nadie tiene
derecho moral a nuestra generosidad o beneficencia, porque no estamos
moralmente obligados a practicar esas virtudes con ningún individuo
determinado.” (Utilitarismo, capítulo 5)
El deseo de
venganza no es justicia; para que pueda ser en verdad un sentimiento moral,
este debe evaluar si la regla que observa puede ser beneficiosa tanto para sí
como para los demás y albergar simpatías sociales. Para ello, Mill considera
que debe haber un sentido hacia el bien general.
De los derechos
que menciona Mill, es de lo que más se destaca en la modernidad: el derecho es
“tener algo cuya posesión debe garantizar la sociedad”, y cuya protección debe
estar garantizada por la fuerza de la ley, la opinión o la educación.
Mill además
plantea que la justicia debe basarse en el principio de utilidad.
¿Qué es la justicia? Para el filósofo, son las reglas morales que conciernen al
bienestar humano, y su esencia reside en el derecho que tiene un individuo. De
esto, Mill valora aquellas reglas morales que prohíben a los hombres el daño
mutuo, y las más importantes para el bienestar humano, considerando que su
observación es lo que mantiene en paz a los hombres.
Así, menciona
Mill:
“Una persona
puede no necesitar los beneficios de los otros, pero siempre necesita que no le
causen daño.” (Utilitarismo, capítulo 5*)
3. Ética aristótelica.
La ética de
Aristóteles; es la ética de la virtud por excelencia. Tiene comó fin la
felicidad, a partir de la vida virtuosa, es decir, de la compuesta por
virtudes. Esto se puede observar en obras cómo Magna Moralia, Ética a Eudemo y
la más aclamada y completa de todas, Ética a Nicómaco. Se puede afirmar, con
seguridad, que es la obra occidental de filosofía moral más sistématica de la
antigüedad, al menos de las que conocemos, porque de Epícuro, Crisipo,
Demócrito y otros, bien se sabe que tuvieron obras morales, pero de las cuales
gran parte de su contenido se han perdido; por ello decimos que es una de las
más rigurosas a nivel universal en su tiempo.
Sobre la felicidad
El bien supremo;
es la felicidad, entendida, de acuerdo a Ética a Nicómaco; como cierta actividad
del alma conforme a la virtud; en tanto que los demás bienes, son más bien
de carácter instrumental, es decir; pueden servir para la felicidad. Para
alcanzarla se necesitan de acuerdo a Aristóteles dos cosas: una virtud completa
y una vida completamente desarrollada. Magna Moralia resume bien esto en el
siguiente fragmento:
“Puesto
que el bien supremo es la felicidad y ella misma es un fin y un fin completo
merced a la actividad, si vivimos de acuerdo con las virtudes seremos felices y
poseeremos el bien supremo.” (MM, I)
Sobre la virtud
La virtud en
Aristóteles y de los peripatéticos en general, bien se distingue por no ser
conocimiento como lo conciben los estoicos; es un hábito óptimo; cabe pues
hacer hincapié en esto, puesto que la definición de hábito en
Aristóteles, se concibe así porque sólo puede decirse que una persona alberga
la virtud si la práctica de forma consistente; pero, vale matizar, no basta
solamente practicarlo, sino que surjan de una elección reflexiva y saber lo que
se hace. De estas, Aristóteles explica que hay tanto virtudes intelectuales
como virtudes morales; de estas es de dónde se puede hablar de hábitos y
ejercicios; en tanto que la cualidad, es pues, la repetición frecuente de los
mismos actos, y habituación. Es; además, un justo medio, entre dos extremos, un
defecto y un exceso. Aunque; para el filósofo hay excepciones en las virtudes.
Cabe, mencionar,
dentro de esta parte, la teoría del alma aristótelica, donde se concibe que hay
una parte correspondiente a la razón y otra que está privada de ella, es decir,
pasional. De las pasiones, pues, están las siguientes que norma Aristóteles y
las considera sentimientos que llevan dolor o placer: deseo, cólera, temor,
atrevimiento, envidia, alegría, amistad, odio, pesar, celos, compasión. Así, la
virtud es tener una proporción adecuada de estas pasiones.
Listado de virtudes
Virtudes morales:
·
Valor:
se considera que es un justo medio entre el miedo y la audacia. El exceso es el
temerario, que muestra exceso de confianza ante verdaderos peligros; y el
defecto es el cobarde, que muestra un exceso de miedo. Se distingue que hay
valor cívico, valor de las experencias, valor de la cólera y el valor de la
ignorancia.
·
Templanza:
se considera que es un justo medio en el placer. Sobre esto, Aristóteles
considera que comer o beber más de lo necesario; es decir más de lo que la
naturaleza aclama, no es más que caer en la grosería y la glotonería. Más bien,
aprovecha los placeres que puedan conducirle a la salud y al bienestar.
·
Liberalidad:
se considera que es un justo medio en la riqueza. En esto; Aristóteles parece
definirlo de la siguiente forma, se considera que el exceso es la prodigalidad,
donde se da demasiado y no se recibe; el defecto es la avaricia, que es un
defecto en dar y un exceso en tomar. La proporción adecuada, diríamos que es
dar convenientemente, de acuerdo las condiciones que deben de tomarse en
cuenta.
·
Magnificencia:
también relativa a las riquezas, pero centrada en los gastos. El exceso es el
fausto grosero y la suntuosidad sin gusto; y el defecto es miseria o pequeñez.
·
Magnanimidad:
Aristóteles no explica de qué pasión parte exactamente. El exceso es el hombre
vanidoso, que tiene una opinión exagerada de sí mismo; el defecto es la
pequeñez del alma donde se evalúa uno por debajo del justo valor. El magnanimo,
a diferencia de esto; se estima en su justo valor. Además, el filósofo la pone
como el ornamento de todas las demás virtudes. Describe al magnánimo por su
fijación en el honor, que lo hará moderarse en lo relativo a las riquezas y
demás. Y; no menos importante; mostrará moderación emocional ante el revez y el
triunfo, mostrando mesura tanto en el abatimiento como en la alegría. Tampoco
muestra resentimiento por el mal recibido, ya que acordarse del pasado no es
virtuoso.
·
Mansedumbre:
se considera que es un justo medio en la cólera. Siendo la irascibilidad un
exceso; que es irritarse pronto contra
personas y en ocasiones que no lo merecen, y además más de lo conveniente. El hombre con mansedumbre; no se deja turbar
ni arrastrar por la pasión y solo lo hace cuando la ocasión lo amerita de
acuerdo a la razón. Los estúpidos, de acuerdo a Aristóteles, son los que no se
encolerizan cuando sí se requiere o por motivos que en verdad vale la pena
hacerlo.
·
Veracidad
o franqueza: se considera que es un justo medio en la necia vanidad. Siendo el
fanfarrón, aquel que hace creer a los demás de cualidades que no posee; y el
hombre encogido, en cambio, oculta cualidades que posee o las rebaja. Siendo el
justo medio de esto, hablar de sí mismo con sinceridad, atribuir las cualidades
que se tiene.
·
Donaire
en el decir: se considera que es decir lo que se debe y como se debe, y en oír
a los demás en las mismas condiciones. El extremo es tener placer al burlarse;
y en otros casos, donde nada se pone por su parte y todo lo ofende.
·
Pudor
o vergüenza: no se considera una virtud por parte de Aristóteles; ya que nunca
se da en el hombre recto, puesto que jamás comete acciones vergonzosas.
Virtudes dianoéticas:
·
El
arte: es la facultad de producir.
·
La prudencia:
es la capacidad de deliberar; es además, la facultad que decrubre lo verdadero
y obra con la razón como auxiliar, por lo cual prescribe de forma imperativa que
es lo que es preciso hacer o lo que no ha de hacerse. Menciona Aristóteles que
quién tenga prudencia, es decir, recta razón, tendrá a su vez todas las
virtudes.
·
La sabiduría:
es la unión de la ciencia y el entendimiento y el discernimiento de la propia
convenienvia y del propio interés.
Sobre la
justicia
Aristóteles la
considera como una cualidad moral que obliga a los hombres a practicar cosas
justas, y que es, además, causa de que se hagan y se quieran hacer. El filósofo
también menciona que es la virtud completa; y además la más importante de todas
las virtudes; e incluso menciona que todas las virtudes se encuentran en el
seno de la justicia.
De acuerdo al
filósofo; el hombre injusto es:
·
El
que falta a las leyes.
·
Es
demasiado codicioso.
·
Es
inicuo.
Partiendo de
esto; Aristóteles considera que lo justo será lo que es conforme a la ley y a
la iguadad. La ley; tienen por objeto favorecer al interés general de
todos los ciudadanos; una aproximación bastante precoz de la esencia de lo qué
es la ley en la actualidad.
Clases de
justicia:
·
Justicia
distribuitiva:
Es la justicia
que corresponde a la distribución justa de los honores, de la fortuna y de las
ventajas que alcancen los miembros en una sociedad. Está subordinada a la
meritocracia y deben de otorgarse los bienes de acuerdo al mérito personal de
cada uno. Lo justo, es pues, la proporción geometrica; un ejemplo que añade
Aristóteles es en que comete injusticia, que se adjudica más de lo que ha de
tener, y el agraviado recibe menos de lo que corresponde.
·
Justicia
legal:
Es la justicia
represiva y reparadora, que se encarga de regular las condiciones legales entre
las relaciones civiles y de los contratos. De estas las voluntarias se
relacionana al préstamo y a las finanzas, etc; mientras que las involuntarias
son el asesinato, el secuestro, etc. De acuerdo a Aristóteles, debe haber una
igualdad legal, es decir que no debe verse quién la cometió y tratar a todos
con igualdad: ver la naturaleza del delito al momento de la evaluación. El juez
debe de ser quien ocupe el medio entre las partes; y procurar en ese sentido
que se pueda tener lo que se tenía en un inicio o procurar que las cosas
permanezcan como estaban antes.
Sobre el talión
según Aristóteles; lo cual no conviene ni con la justicia distribuitiva ni
legal; para ello, el filósofo explica que si el magistrado es el que dio los
golpes, no debe ser a su vez golpeado, y si alguien lo golpeó, no basta
golpearlo, sino hacerle un mayor castigo. Sobre la intención, menciona
pues que sólo se comete un acto justo o injusto si es voluntario; en tanto que
si se ignora lo que se hace o que no depende de nosotros el acto, pasa a ser
involuntario. En cuanto a las relaciones sociales; implica 3 maneras diferentes
de daño social:
i)
Los
daños causados por ignorancia. Ejemplo: errores que no se querían cometer.
ii)
Cuando
se obra con pleno conocimiento de causa, aunque sin premeditación. Ejemplo: los
accidentes resultados de la cólera y resultado de las pasiones.
iii)
Cuandos
se obra con designio premeditado.
En general, al dañar
a otro con intención; uno se vuelve directamente injusto.
Sobre la equidad;
menciona Aristóteles que es cuando la ley no basta; por ello se debe
emplear la equidad para restablecer la ley en los puntos que se ha engañado
y por tanto se requeriría un decreto especial. También menciona que la equidad
rectifica la justifica y que no siempre lo justo es lo justo legal; de esto,
pues, es lo que Aristóteles considera equidad. Asimismo; respecto al suicidio, se
considera que también se obra contra la ley, al ser injusto con uno mismo.
Tipos de placeres
Sobre los placeres; Aristóteles distinguió de dos tipos:
·
Los no
necesarios: son los que no son necesarios; pero que Aristóteles considera que
algunos pueden ser dignos de ser buscados, como el honor, la riqueza y demás. Siendo
excesivos los referentes al cuerpo si se llevan al extremo de acuerdo al
filósofo.
·
Los
necesarios: los del cuerpo, es decir, los de la alimentación y en general,
todas las necesidades del cuerpo.
Bien menciona el
filósofo: “El hombre prudente sólo anhela la ausencia de dolor y no
precisamente el placer” (Libro 7; Capítulo XI)
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